Ahora que he borrado parte importante del paisaje oscuro del pasado más próximo emocionalmente, empiezan a brillar con más fuerza las certezas actuales que se pintaban como latencias o intuiciones cuando aun no veía el sol esa madrugada. Despacio se dibuja una sonrisa a cargo de reafirmar la inocencia y esperanza que profesaba en aquellos días, en los que comenzaba a hacerse más importante una gota cayendo por la hoja de un árbol u otros pequeños detalles sólo con el fin de darle sentido a aquellos embriones de emoción al recordar cierta situación.
¿Era tan evidente? Ahora que leo mis palabras, aquellos enjambres de letras que, entre líneas, gritaban secretos, me río al comprender que ese vano intento por dejarlo a su criterio se llevó a cabo de la manera más obvia posible. Quería encantarla con alguna frase ambigua, algún mensaje subliminal para persuadir su atención y reflejar la importancia que le comenzaba a dar en mi día a día. Tal vez exageré y pagué las consecuencias, pero al menos hoy puedo decir que también valió la pena haber esperado. Dicen que la paciencia es un buen remedio a la urgencia psicosomática de resultados innecesariamente requeridos... (¿eso quién lo dice?). En fin, estoy de acuerdo.
He podido equilibrar, hoy, luego del primer tropiezo, esa necesidad de certezas con la convicción y la confianza de lo que ahora está a mí alrededor o, literalmente, esas mismas sensaciones con quien toma mi mano.
... y hasta aquí: mi trilogía favorita de momentos mentales.
sábado, 25 de agosto de 2007
domingo, 19 de agosto de 2007
"Pasados negros que configuran presentes grises mirando hacia futuros blancos". Parte II
Poco a poco se van borrando registros mentales del pasado al que quiero desligar toda sentencia emocional verdadera. Argumento la poca credibilidad de lo que decía sentir y reconozco haber querido engañar a todos, partiendo por mí misma. También reconozco no haber valorado lo que tenía, a pesar de que nunca me haya importado realmente, y pido perdón por haber mentido, por haber hecho creer cosas que nunca sucedieron desde mi boca hacia adentro, sino sólo en sentido contrario.
Odio haber combinado lugares y sentimientos personales con aquellas situaciones irreales a las que me vi sujeta de manera voluntaria. Me molesta descubrir que, por aquellos tiempos, ya poseía los ideales mentales que hoy le dan sentido a mi vida. No quise hacerlo, lo sé. Nunca quise que mis secretos fueran compartidos por alguien más, por alguien a quien sabía que no quería recordar para siempre.
Qué rabia sentir tanto odio a mis propias palabras del pasado, las mismas que fonéticamente hoy quiero repetir –no así de manera emocional- pero que se han visto involucradas en un asunto de poca credibilidad suscitado a partir de aquellas.
Pido por favor que hoy se valore toda palabra que salga de mi boca, y reconozco que, al hacerlo, comprometo la verdad y la realidad de las cosas en favor del futuro blanco que poco a poco se va tejiendo entre las manos del presente que se dibuja como la sonrisa más hermosa del amanecer..
Odio haber combinado lugares y sentimientos personales con aquellas situaciones irreales a las que me vi sujeta de manera voluntaria. Me molesta descubrir que, por aquellos tiempos, ya poseía los ideales mentales que hoy le dan sentido a mi vida. No quise hacerlo, lo sé. Nunca quise que mis secretos fueran compartidos por alguien más, por alguien a quien sabía que no quería recordar para siempre.
Qué rabia sentir tanto odio a mis propias palabras del pasado, las mismas que fonéticamente hoy quiero repetir –no así de manera emocional- pero que se han visto involucradas en un asunto de poca credibilidad suscitado a partir de aquellas.
Pido por favor que hoy se valore toda palabra que salga de mi boca, y reconozco que, al hacerlo, comprometo la verdad y la realidad de las cosas en favor del futuro blanco que poco a poco se va tejiendo entre las manos del presente que se dibuja como la sonrisa más hermosa del amanecer..
jueves, 16 de agosto de 2007
“Pasados negros que configuran presentes grises mirando hacia futuros blancos”.. Parte I
Qué poco convincentes se hacen las palabras de hoy en día cuando vuelvo a leer aquellas que dije hace mucho tiempo; cuando el presente era el reflejo de la desesperación absoluta, de la fobia a la soledad autoinducida, la urgencia de depender a costas de traicionar toda lealtad con mi corazón, de escudar aquellos miedos de antaño que desvelaban hasta las noches más hermosas y un sinnúmero de negras características para reflejar aquel desagradable minuto de la existencia que, por esos días, parecía ser el precio que debía pagar eternamente por haber cometido un crimen.
Qué traición a mi destino haberme convencido de aquella falacia, aunque fuera el tiempo mínimo de la existencia de una sensación; del secreto a voces de que aún no era tiempo de olvidar aquella otra historia inconclusa que ensució desde la base lo que pretendía y sólo consiguió hacerme engañar a todos los tiempos: al pasado por no reconocer que todavía no lograba llamarse así; al presente por serlo a costas de una mentira; y al futuro –es decir, hoy- por restarle importancia a cada una de mis confesiones más íntimas.
En cambio, existen otras palabras, incluso más antiguas que esas, que debo reconocer corresponden a la verdad absoluta de todos los tiempos, a la que hoy apelo –aquí una aclaración: la verdad absoluta como muestra más sincera y real de un sentimiento- y aquella que se mantuvo oculta cuando el cerebro gobernaba al corazón y lo obligaba a mentir pretendiendo un equilibrio recién conocido luego de que saliera el sol por la ventana después de una larga noche… esa primera vez.
Qué traición a mi destino haberme convencido de aquella falacia, aunque fuera el tiempo mínimo de la existencia de una sensación; del secreto a voces de que aún no era tiempo de olvidar aquella otra historia inconclusa que ensució desde la base lo que pretendía y sólo consiguió hacerme engañar a todos los tiempos: al pasado por no reconocer que todavía no lograba llamarse así; al presente por serlo a costas de una mentira; y al futuro –es decir, hoy- por restarle importancia a cada una de mis confesiones más íntimas.
En cambio, existen otras palabras, incluso más antiguas que esas, que debo reconocer corresponden a la verdad absoluta de todos los tiempos, a la que hoy apelo –aquí una aclaración: la verdad absoluta como muestra más sincera y real de un sentimiento- y aquella que se mantuvo oculta cuando el cerebro gobernaba al corazón y lo obligaba a mentir pretendiendo un equilibrio recién conocido luego de que saliera el sol por la ventana después de una larga noche… esa primera vez.
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