El mundo parece sumergido en la urgencia de un presente no tan malo, de contar con los recursos renovables básicos como la compañía y la confianza; después de todo, día a día se entremezclan individuos con el solo propósito de pretender dar al otro el mismo beneficio de cumplir aquellos requisitos supuestos de una sensibilidad forzada.
¿Dónde queda espacio, entonces, para eso que sabemos que existe en alguna parte realmente pero que quedó en el baúl de los recuerdos junto al resto de las desilusiones?
Llaman adaptación al hecho de acostumbrarse a vivir y responder a un sistema impersonal que dice también incluir sentimientos. ¿Queda espacio para la verdad? Asumir que la vida se compone de más que las pretensiones objetivas del todo parece incluso más difícil que soportar el trazado preconcebido del que no podemos escapar. Se trata de vivir sin la intención de creer que existe algo que realmente significa felicidad, sólo para no sentir la decepción de saber que tantos otros se han rendido y en nadie ha quedado el espacio suficiente para volver a luchar y continuar con esa búsqueda de corazón; después de todo, cada quien sabe cómo expresar cierta veta de alegría racional de la manera más convincente, pero ¿cuántos son felices de verdad?
Dicen que la sonrisa es una parte de la infancia que todos abandonan en alguna parte del camino, hasta parece necesario dotar a nuestro cuerpo para ya no ser tan vulnerable y saberse manejar frente a las emociones que, al parecer, no deben rebasar nunca el límite entre lo ficticio y lo real. Sin embargo, aún rondan por ahí ciertos personajes capaces de destruir los ideales mentales de la gente. Personas que les generan un tipo de alivio, un respiro fuera del sistema; con o sin sentido van creando conexiones que trascienden mucho más allá del tiempo y le otorgan significado a esa verdad ausente de la totalidad semi-presente que configura el alrededor esquizofrénico del día a día.
También se dejaron de lado la inocencia, el desinterés y la ingenuidad ese día en que el mundo dejó de soñar y los componentes más próximos a la desilusión fueron el poder y la conveniencia. Entonces me pregunto, cuando ya nada tiene el sentido que dibujaba la infancia hace tanto tiempo atrás, ¿esos personajes son los encargados de rearticular los sueños de otras personas? Y si es por culpar a alguien, ¿son ellos los responsables indirectos de regalar sentimientos tan reales y olvidados como el amor?
Sentir que se me aceleran los latidos del corazón es señal de que uno de esos personajes llegó a mi puerta y encontró la manera de revivir la felicidad, el amor y la alegría en su sentido más puro y natural. Ahora, ¿podré ser yo un personaje así para tu historia?